martes, 24 de enero de 2017

Alimentación y Crianza Para un Buen Desarrollo

Una buena alimentación es vital para que el niño crezca sano y fuerte. Comer bien afecta no sólo a su crecimiento físico, sino también a su desarrollo intelectual, la alimentación del niño durante los primeros años de vida puede repercutir positivamente en su estado de salud, así como en su habilidad para aprender, comunicarse con los demás, pensar y racionalizar, socializarse, adaptarse a nuevos ambientes y personas y, sobre todo, en su rendimiento escolar. Una buena alimentación puede influir notablemente en su futuro.

El alimento más completo para alimentar al bebé durante los primeros meses de vida es la leche materna. Ya que el aparato digestivo y su metabolismo están preparados. El biberón es el indicada cuando existen problemas para la lactancia materna. Existen leches que mantienen todos los nutrientes básicos que componen la leche humana. Cuando la leche materna o el biberón no son suficientes, lo indicado es las papillas. El crecimiento del niño exige de nuevos nutrientes en la dieta para que sus órganos se desarrollen adecuadamente. Los tres primeros años de vida son básicos para adquirir hábitos alimentarios saludables, dieta variada y buenas costumbres. Entre los tres y los seis años se consolidan los buenos hábitos en la mesa. Así conseguimos un desarrollo completo del organismo infantil.

Existe una pirámide alimenticia para la buena alimentación que comienza por el consumo diario los alimentos ricos en hidratos de carbono, como el pan y derivados, legumbres y patatas, siguiendo las verduras y frutas. Como consumo frecuente tenemos los alimentos proteicos como las carnes, el huevo, el pescado y los lácteos y frutos secos como la leche, el yogurt, los quesos frescos. Los dulces deben ser un consumo ocasional.

Una educación estricta cría niños enojados que pierden el interés en complacer a sus padres, con una crianza permisiva los pequeños ponen a prueba a sus padres. Los dos extremos son malos: no confían en los padres y no internalizan la autodisciplina. La crianza positiva es todo lo contrario. Se basa en ser suaves y amorosos, a la vez firmes. Así les ayudas a aprender a ser responsables y más felices, la clave es proporcionar experiencias en las que triunfe la calma, la reflexión y la compasión. Una vez que los niños están tranquilos, podemos trabajar con ellos para reforzar esa motivación positiva y ayudar a reconocer y controlar sus emociones, para que puedan gestionar el impulso opuesto. El amor se convierte en un motivador eficaz a medida que crecen y pone a los niños en el camino del buen comportamiento. 



Algunos Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades han dando como consejos: Estimular la lectura Siempre resulta un buen aliado para su crianza positiva. Permitir la ayuda en las tareas del hogar, a ellos les encantan y a la vez están aprendiendo a desenvolverse en un espacio cotidiano, de mayores tendrán más que asumido cuáles son sus responsabilidades en el hogar. Permítele a "socializarse", a saber compartir y lo que es la amistad. Indícale cómo debe comportarse, esos límites le ayudan a saber cómo actuar. Permítele que decida en pequeñas cosas factibles para él como vestirse o qué quiere de comer. Eso le dará seguridad.






Referencias Bibliográficas

  • https://www.cdc.gov/ncbddd/spanish/childdevelopment/positiveparenting/


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