Una buena
alimentación es vital para que el niño crezca sano y fuerte. Comer bien afecta
no sólo a su crecimiento físico, sino también a su desarrollo intelectual, la
alimentación del niño durante los primeros años de vida puede repercutir
positivamente en su estado de salud, así como en su habilidad para aprender,
comunicarse con los demás, pensar y racionalizar, socializarse, adaptarse a
nuevos ambientes y personas y, sobre todo, en su rendimiento escolar. Una buena
alimentación puede influir notablemente en su futuro.
El alimento más
completo para alimentar al bebé durante los primeros meses de vida es la leche
materna. Ya que el aparato digestivo y su metabolismo están preparados. El
biberón es el indicada cuando existen problemas para la lactancia materna.
Existen leches que mantienen todos los nutrientes básicos que componen la leche
humana. Cuando la leche materna o el biberón no son suficientes, lo indicado es
las papillas. El crecimiento del niño exige de nuevos nutrientes en la dieta
para que sus órganos se desarrollen adecuadamente. Los tres primeros años de
vida son básicos para adquirir hábitos alimentarios saludables, dieta variada y
buenas costumbres. Entre los tres y los seis años se consolidan los buenos
hábitos en la mesa. Así conseguimos un desarrollo completo del organismo
infantil.
Existe una
pirámide alimenticia para la buena alimentación que comienza por el consumo
diario los alimentos ricos en hidratos de carbono, como el pan y derivados,
legumbres y patatas, siguiendo las verduras y frutas. Como consumo frecuente
tenemos los alimentos proteicos como las carnes, el huevo, el pescado y los
lácteos y frutos secos como la leche, el yogurt, los quesos frescos. Los dulces
deben ser un consumo ocasional.
Una educación
estricta cría niños enojados que pierden el interés en complacer a sus padres,
con una crianza permisiva los pequeños ponen a prueba a sus padres. Los dos
extremos son malos: no confían en los padres y no internalizan la
autodisciplina. La crianza positiva es todo lo contrario. Se basa en ser suaves
y amorosos, a la vez firmes. Así les ayudas a aprender a ser responsables y más
felices, la clave es proporcionar experiencias en las que triunfe la calma, la
reflexión y la compasión. Una vez que los niños están tranquilos, podemos
trabajar con ellos para reforzar esa motivación positiva y ayudar a reconocer y
controlar sus emociones, para que puedan gestionar el impulso opuesto. El amor
se convierte en un motivador eficaz a medida que crecen y pone a los niños en
el camino del buen comportamiento.
Algunos Centros
para el Control y la Prevención de Enfermedades han dando como consejos:
Estimular la lectura Siempre resulta un buen aliado para su crianza positiva.
Permitir la ayuda en las tareas del hogar, a ellos les encantan y a la vez están
aprendiendo a desenvolverse en un espacio cotidiano, de mayores tendrán más que
asumido cuáles son sus responsabilidades en el hogar. Permítele a
"socializarse", a saber compartir y lo que es la amistad. Indícale
cómo debe comportarse, esos límites le ayudan a saber cómo actuar. Permítele
que decida en pequeñas cosas factibles para él como vestirse o qué quiere de
comer. Eso le dará seguridad.
Referencias
Bibliográficas
- https://www.cdc.gov/ncbddd/spanish/childdevelopment/positiveparenting/



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